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ūüďÖ Publicado 15 de julio de 2018

Escrito por Austin Weynand

Tiempo estimado de lectura 13 minutos

9:45 p.m.

Nunca hab√≠a estado antes. Una peque√Īa pieza torpe y fuera de lugar, escondida entre un pub irland√©s en quiebra y una tienda de antig√ľedades, honestamente olvid√© que estas cosas exist√≠an en la vasta √°rea metropolitana de mi ciudad. Hasta que lo necesite. Ver√°s, un ensayo universitario, y yo ni siquiera lo hab√≠a comenzado, solo mi oportunidad de que mi computadora port√°til muriera desagradablemente el fin de semana anterior a la publicaci√≥n del peri√≥dico. Trat√© de pedir prestada la computadora de un amigo, pero no dados; En cuanto al plan B, la biblioteca de mi escuela se estaba quedando sin computadoras port√°tiles alquiladas. Fui al cibercaf√© local y s√≥rdido, donde siempre me hab√≠an dicho que los pervertidos pobres estaban navegando por la pornograf√≠a y los ni√Īos aparentemente sin padres se api√Īaban en los juegos en l√≠nea.

El lugar ol√≠a a Chuck-E-Cheese. Ya estaba oscuro e iba a tomar el metro cuando hab√≠a realizado un trabajo decente, pero la desagradable sensaci√≥n de vacilaci√≥n disminuy√≥ en mi est√≥mago, buscando en un lugar deprimente. Dios, no quer√≠a sentarme aqu√≠ y trabajar un viernes por la noche. No solo era mon√≥tono y desgarrado en 2005, sino que era en una parte de la ciudad que no quer√≠a estar a esta hora, y como estaba abierto hasta la medianoche, no hab√≠a Realmente no hay excusa para salir temprano. No iba a arriesgarme a reprobar otro curso, incluso por la √ļnica raz√≥n de que mi madre todav√≠a me destrozar√≠a. Gem√≠ al cruzar el umbral. Al menos estaba vac√≠o.

Bueno … casi vac√≠o. Un tipo simple estaba sentado frente a una computadora en la fila de la izquierda, pero parec√≠a tan absorto en su pantalla que ni siquiera se dio cuenta de que entraba.

Me senté atrás, me quité la mochila, saqué un disco duro externo y me puse a trabajar.

11:20 p.m.

Mirando hacia arriba y hacia abajo en la pantalla frente a m√≠, not√© cu√°n lejos hab√≠a logrado llegar. Hab√≠a entrado febril y cautelosamente en una especie de trance sin tener en cuenta mi entorno, y las palabras llenaron la p√°gina. No hab√≠a escrito Pulitzer, pero frente a m√≠ hab√≠a dos p√°rrafos completos y una mala excusa para una "vista previa" de los √ļltimos tres. Fue algo. Y cuanto m√°s terminaba esta noche, menos tiempo ten√≠a que pasar en este maldito lugar ma√Īana o incluso el domingo.

Me acost√© en mi silla y mir√© distra√≠damente el techo. Mi silla cruji√≥, puntuando el silencio de una manera fea. La luz sobre mi cabeza era tenue; de ‚Äč‚Äčhecho, todas las luces del techo parec√≠an arder bastante bajo. Me hubiera asustado si fuera una persona m√°s f√°cil de asustar, pero no lo soy. Estoy relativamente construido, soy esc√©ptico y no tengo esa imaginaci√≥n v√≠vida en primer lugar. En cambio, estaba aburrida.

Mi procrastinación se apoderó de mí, y rápidamente me encontré deambulando por las docenas de pasillos de computadoras blancas obsoletas que sinceramente me sorprende no ejecutar Windows 95 (solo XP en su lugar ) No había nadie alrededor, ni siquiera este tipo que estuvo aquí hace una hora. Noté su asiento vacío antes de notar la falta de tipeo y clics.

Despu√©s de algunas vueltas alrededor del caf√©, decid√≠ echar un vistazo en el callej√≥n donde estaba el hombre. Not√© un tenue resplandor contra la pared que inclu√≠a el espacio detr√°s de esta fila de computadoras, y soy una persona curiosa al borde de la curiosidad. No esperaba encontrar nada m√°s que la pantalla de inicio de Windows de un monitor para ir a dormir … pero dobl√© la esquina y puedes imaginar mi sorpresa cuando yo & # 39; Encuentra una computadora port√°til all√≠. Un nuevo HP Specter realmente genial en gran forma, y ‚Äč‚Äčmi primer pensamiento fue por qu√© un chico con una computadora tan buena ten√≠a que ir a un cibercaf√©.

En una inspecci√≥n m√°s cercana, podr√≠a decir que la computadora port√°til era realmente m√°s gruesa de lo normal, como si estuviera envuelta en alg√ļn tipo de estuche. La pantalla estaba abierta en su escritorio, con un fondo gris s√≥lido que no traicionaba nada, y alrededor de veinte carpetas e √≠conos diferentes diseminados. No reconoc√≠ ninguno fuera del archivo base; ni Internet Explorer, ni Chrome, ni siquiera Adobe Reader. Solo un mont√≥n de s√≠mbolos extra√Īos, algunos con letras que no est√°n en ingl√©s. Realmente me gustar√≠a saber m√°s sobre el software.

Se minimizaron dos pesta√Īas en la parte inferior de la pantalla: un cuadro de texto simple y otro que solo ten√≠a un cuadrado con un contorno perforado. Yo dud√©.

Enderez√°ndome, mir√© a mi lado del caf√©. Estaba mi pantalla brillante abierta al blanco cegador de un documento de Word, mi mochila al lado de la silla, mi botella de agua, mi tel√©fono. Hubiera sido tan f√°cil dejar la computadora privada de este extra√Īo donde estaba e ignorar mi curiosidad y mi inclinaci√≥n a tomar malas decisiones. Ech√© un vistazo a la oficina extranjera que estaba frente a m√≠ y me qued√© por un momento, sopesando las consecuencias. Despu√©s de un descanso, me susurr√© a m√≠ mismo. "No vale la pena el tiro".

Me alejé y una mujer habló.

"¬ŅHola? ¬ŅAlguien dijo algo?

Congel√°ndose en su lugar, por un momento pens√© que deb√≠a haberme imaginado el sonido. Pero apenas unos segundos despu√©s, suena la misma voz aguda, peque√Īa y enlatada.

"Por favor, háblame", gritó muy claramente, y entendí que la mujer tenía mucho miedo.

Inclin√© un poco m√°s la pantalla del port√°til extranjero y mir√© las pesta√Īas minimizadas. El cuadro de texto que dej√© solo; El misterioso que abr√≠.

Estaba usando un navegador que no conoc√≠a, llamado "Tor" y, sin embargo, por alguna raz√≥n parec√≠a familiar. Hab√≠a varias pesta√Īas abiertas y las revis√© sistem√°ticamente. Uno de ellos conten√≠a una misteriosa cadena de hiperv√≠nculos sobre un fondo en blanco; otro estaba en lo que creo que es cir√≠lico y ten√≠a im√°genes aleatorias de los rostros de las personas; un tercero era solo listas de nombres desconocidos organizados en tres largas columnas. Con sorpresa, abr√≠ la √ļltima pesta√Īa con lo que m√°s me molest√≥.

Lo que llenaba la pantalla frente a m√≠ era una imagen muy oscura y borrosa de un peque√Īo recinto, sin ventanas, sin alfombra ni muebles. Una joven fr√°gil se sent√≥ en una pila en el centro de la habitaci√≥n con cadenas de aspecto tosco que la sujetaban al suelo. Y entonces la mujer se movi√≥.

Su cabeza giraba salvajemente, su cabello enredado se deslizaba sobre sus hombros. Estaba p√°lida, de apariencia d√©bil y muy obviamente asustada, pero por otro lado, parec√≠a ilesa. Se mov√≠a como un animal maltratado en un rinc√≥n. Y respond√≠, sin pensar realmente, "Hola … eh … ¬ŅQui√©n eres?"

La mujer golpe√≥ su cabeza hacia la c√°mara, que ser√≠a la ubicaci√≥n de mi voz. En p√°nico, busqu√© una c√°mara web en la computadora port√°til, que vi que estaba pegada con adhesivo negro. Despu√©s de mirar a la c√°mara por un momento, mir√°ndome con un estupor confuso, comenz√≥ a sollozar sin control. Me suplic√≥ desesperadamente que la ayudara, que la dejara salir, que llamara a la polic√≠a, en una delgada corriente de desorden desarticulado. Trat√© de formar una respuesta coherente en medio de sus gritos, pero sinceramente, estaba demasiado sorprendido para decir algo. Y antes de que pudiera, un hombre alto con ropa oscura entr√≥ r√°pidamente en el recinto de la mujer y comenz√≥ a golpearla salvajemente con sus pu√Īos y pies sin dudarlo.

Golpeé la computadora portátil. La adrenalina me atravesó. Maldición, lo cargué en mi mochila, lo guardé en el interior, guardé mi ensayo en mi memoria USB y salí del café.

11.55 p.m.

Realmente no s√© por qu√© lo llev√© conmigo: siempre he sido impulsivo, y tal vez este deseo interno de investigar me llam√≥ la atenci√≥n. Tal vez fue solo un instinto para ayudar a alguien que lo necesitaba. Sentada a la suave luz de un caf√© m√°s profundo de la ciudad, la computadora amenazadoramente encaramada en la peque√Īa mesa frente a m√≠, pens√© en lo que iba a hacer cuando yo abri√≥. Mir√© a mi derecha y mir√© mi tel√©fono, el n√ļmero de emergencia ya estaba escrito. Estaba aterrorizado y, sin embargo, excitado de una manera retorcida, una emoci√≥n que ceg√≥ mi sentido com√ļn. Aunque me siento muy inc√≥modo en medio de algo que parec√≠a mucho m√°s intimidante que yo, finalmente decid√≠ abrirlo nuevamente. Realmente esperaba una pantalla de contrase√Īa y un callej√≥n sin salida, tal vez esperaba eso tambi√©n, pero el escritorio negro me anim√≥ a presionar Enter, que 39; lo hizo. Y ah√≠ estaba la mujer.

Estaba inc√≥modamente extendida por el suelo, respirando profundamente, y cada respiraci√≥n parec√≠a doler. Dada la mala calidad de la transmisi√≥n, no pude distinguir las lesiones individuales, pero claramente se ve√≠a peor que la primera vez que la vi. Con una sensaci√≥n de incomodidad, me di cuenta de que su codo y mu√Īeca izquierdos estaban doblados de una manera extremadamente antinatural. Conect√© mis auriculares a la toma de corriente y habl√© con √©l, yendo directo al grano.

"¬ŅQu√© te pas√≥ y de d√≥nde eres?" Estoy en el sur de la ciudad. Soy Alex, solo soy un chico universitario "- Me di cuenta de lo mucho que mi voz temblaba en este momento -" ¬ŅQu√© debo hacer? "

Me sacudi√≥ la cabeza, pero no dijo nada por un momento. "Llama a la polic√≠a", gime en voz baja. "Yo …" Mirando a su alrededor, la mujer parec√≠a m√°s indefensa que nunca; "No s√© d√≥nde estoy".

Sin romper el contacto visual con la pantalla, tom√© mi tel√©fono y marqu√© el n√ļmero. Mi coraz√≥n lat√≠a de nuevo.

La llamada son√≥ por un tiempo y hab√≠a bloqueado completamente mi entorno. Mis pensamientos estaban acelerados e intent√© armar lo que iba a decir, pero tuve problemas para concentrarme, la imagen de la mujer maltratada me hizo ; quemado en los ojos. No ten√≠a idea de en qu√© infierno estaba y comenc√© a pensar en tirar la computadora port√°til y saltar de la nave, pero algo Extra√Īo ha sucedido.

Una voz respondió al otro lado, pero no me preguntó cuál era la emergencia. En cambio, habló en un tono muy AI, un simple "Hola". A toda prisa, comencé a sacudirme con lo que había encontrado, pero fui rápidamente interrumpido por el mismo "Hola" con la misma voz robótica monótona.

Me detuve y esperé.

"Hola. Alex. El texto, Alex".

Un miedo entumecido se desliz√≥ en mi est√≥mago. Me quit√© el tel√©fono de la cara: el n√ļmero no dec√≠a 9-1-1, sino una serie aleatoria de n√ļmeros con un c√≥digo de √°rea desconocido. Colgu√© el horror. Al tocar deliberadamente 9-1-1 esta vez, presion√© la llamada, pero descubr√≠ que cuando el dial comenz√≥ a reproducirse, el mismo n√ļmero de tel√©fono extra√Īo cruz√≥ la pantalla . Mi tel√©fono cay√≥ sobre mi regazo y grit√©. El √ļnico Barista, el √ļnico otro ocupante de la tienda, mir√≥ con curiosidad en mi direcci√≥n.

Y luego recordé el cuadro de texto reducido en la computadora portátil.

Lentamente, deliberadamente, moví el cursor al ícono. Odio admitir lo asustado que estaba en este punto, pero mis dedos literalmente temblaban contra el panel táctil. He hecho clic.

Era solo una direcci√≥n, nada m√°s y nada menos. Mientras miraba las palabras y los n√ļmeros frente a m√≠, la mujer comenz√≥ a gemir suavemente a trav√©s de mis auriculares, cuestionando mi repentino silencio, rog√°ndome que la ayudara, sollozos dolorosos amortiguando sus palabras. Ellos saben quien soy Segu√≠ pensando en m√≠ mismo, ignorando a la chica. ¬ŅC√≥mo saben qui√©n soy yo? Desesperadamente saqu√© la cabeza para descubrir c√≥mo mi tel√©fono podr√≠a haber sido manipulado y mi identidad revelada. Si hab√≠a o√≠do hablar de las partes oscuras de Internet, y realmente parec√≠a ser el caso, probablemente estaba tratando con hackers muy serios. Nunca me he sentido tan vulnerable.

Era demasiado, este descubrimiento mucho más grande que yo, y estaba muy loco. Así que entré en pánico y corrí mis cosas, dejando la computadora portátil.

Sin embargo, antes de salir de la tienda, fui al Barista y le pedí que usara su teléfono o cualquier teléfono. El hombre alto me sonrió inexpresivamente, incluso parecía un poco triste y dijo: "Sin teléfono".

Y corriendo por la puerta sin preguntarle, me di cuenta más tarde que este hombre no estaba detrás del mostrador unos momentos antes de acercarme a él, solo el Barista. quien había recurrido a mi llanto era alguien completamente diferente, y que el que me había rechazado una llamada telefónica parecía demasiado viejo, demasiado extranjero y demasiado fuera de lugar para trabajar en este café. Estaba tan frenesí que ni siquiera sabía que no había uniforme.

1 h 37

Mierda.

La computadora portátil se sentó frente a mí. No puedo creer que no haya notado que el tipo lo colocó.

Tom√© una ruta larga e inusual a una estaci√≥n m√°s distante porque ten√≠a miedo de que me siguieran, guardaba mi tel√©fono despu√©s de cada SMS y llamaba que estaba intentando hacer a mis padres no pasar√≠a, y mir√© de cerca a mi espalda mientras estaba en movimiento. Pero mientras estaba sentado nerviosamente en el metro, que ahora estaba completamente y extra√Īamente desprovisto de gente, el hombre borracho lo hab√≠a deslizado justo frente a m√≠ sin que me diera cuenta. Ten√≠a que ser √©l; El t√≠pico merodeador del metro de Looney, vestido como un hippie sin hogar de los a√Īos 60 y deambulando inconsistentemente en su bolsa de papel marr√≥n, era la √ļnica otra persona en este auto conmigo. Y √©l acababa de bajar, y la computadora port√°til acababa de aparecer en el asiento frente a m√≠.

Mierda.

La adrenalina volvi√≥ a atravesarme y la abr√≠ con rabia. Ni siquiera hab√≠a WiFi en este metro, pero el flujo a√ļn era estable, y la mujer, que hab√≠a estado sin mi compa√Ī√≠a por un tiempo, se ve√≠a bien, mucho peor.

Parte de su cabello parecía haber sido arrancado en pedazos; racimos cubrían el suelo a su alrededor. Una sangre incomparable goteaba por su rostro y su pecho, y su correa de espagueti estaba manchada de negro. Le faltaban los dos pies: no era una ilusión, claramente se los habían quitado directamente sobre el tobillo. Me tomó un momento notar que los extremos pálidos habían sido arrojados casualmente al suelo detrás de su cuerpo roto. Jadeé y me encontré llorando en silencio, sintiéndome más impotente y desgarrado que nunca.

Ella me escucho D√©bilmente, intent√≥ levantarse hacia su √ļnico miembro trabajador, retorci√©ndose de dolor y logrando pedir mi ayuda nuevamente. Nadie hab√≠a parecido tan lamentable.

"Voy a intentarlo", le mentí con voz temblorosa, deseando no haber abierto la computadora portátil. Sin embargo, antes de cerrar la pantalla, volví a abrir el cuadro de texto. Tal vez la curiosidad mórbida me venció, todavía lo hace. Y para mi horror, a pesar de mi renuencia a aceptarlo, el texto había cambiado. Bajo la dirección que estaba leyendo ahora,

"Est√°s atrapado, Alex".

Y entonces el metro se detuvo.

Supe de inmediato que algo andaba mal. El vac√≠o de mi auto hab√≠a comenzado a asustarme tremendamente, y definitivamente no est√°bamos en mi estaci√≥n. Hab√≠a pasado demasiado tiempo antes de que se abrieran las puertas del tren, y sal√≠ con precauci√≥n, dejando la computadora en mi asiento con los crecientes gemidos de la ni√Īa haciendo eco. en la pieza.

No sab√≠a d√≥nde estaba. Parec√≠a una t√≠pica estaci√≥n de metro del centro, pero al mismo tiempo, no hab√≠a se√Īales que indicaran d√≥nde estaba, e incluso los mapas del sistema hab√≠an sido eliminados de las paredes subterr√°neas. Era la mitad de brillante de lo que deber√≠a haber sido, lo que hace que esta pesadilla sea casi c√≥micamente oscura. Todo el lugar estaba … abandonado. Mirando a mi alrededor, trat√© de pensar en cu√°nto tiempo hab√≠a viajado, qu√© tan lejos podr√≠a haber llegado, pero no pod√≠a recordarlo de por vida. . Me maldije en voz alta y trat√© de no entrar en p√°nico, a pesar de sentirme muy solo y fuera de mi elemento, que hab√≠a sido el caso desde que me di por vencido en mi jodido intento est√ļpido. . El metro a√ļn no se hab√≠a ido: las puertas a√ļn estaban abiertas y el aire estaba lleno de silencio, aparte de los gritos de la computadora. Decid√≠ subir los escalones y continuar desde all√≠; Me vi obligado a reconocer algo.

Pero no lo hice. De hecho, parado en la esquina vac√≠a de una calle de la ciudad de la que nunca hab√≠a o√≠do hablar antes, me di cuenta de que estaba en una parte de la ciudad que parec√≠a completamente desprovisto de toda la vida. Los edificios a mi alrededor estaban vac√≠os y cubiertos de ventanas rotas, y todas las entradas m√°s cercanas estaban cerradas. Comenc√© a caminar hacia la luz de la calle m√°s cercana, agarrando la atm√≥sfera industrial del √°rea y notando el peque√Īo ruido que pod√≠a escuchar; A medida que la adrenalina segu√≠a aumentando, tuve la impresi√≥n de que podr√≠a ocurrir un ataque en cualquier momento.

Con un tirón, me detuve y miré el viejo almacén al otro lado de la calle: la dirección pintada en sus puertas de metal era la misma que la dirección en la computadora portátil . Al menos eso pensaba, pero no tenía forma de comprobarlo sin la computadora. No estaba seguro, pero por el momento, me sentí muy avergonzado por la gravedad de la pérdida de control de esta situación, que realmente era parte de mi mente. Estaba arraigado allí, a unos cien metros de la estación de metro, mirando el almacén y preguntándome desesperadamente qué había dentro, y sabiendo que no me atrevería a acercarme a ella.

Al mismo tiempo, un ruido apenas era audible en el viento a mi alrededor, algo profundamente perturbador. Mi atención se reorientó, forcé mis oídos para capturarla. Unos pasos más cerca de la calle y me llamó la atención. Gritando.

La ni√Īa grita. No de ning√ļn dispositivo … delante de m√≠. En el edificio.

Corrí. Tan culpable como puedo sentir por el resto de mi vida, huí como si mi vida dependiera de ello. Para ser sincero, probablemente lo sea.

Ahora me encuentro con esto en un callej√≥n, no s√© a d√≥nde llegu√©. Las √ļnicas personas que he conocido afuera no me prestan atenci√≥n, pero en algunas ocasiones estoy seguro de que alguien me estaba mirando desde la calle. Solo rob√© miradas antes de continuar corriendo.

Solo quiero ir a casa y dejar todo atr√°s. Nunca volver√© a jugar con la mierda de otras personas. Voy a llamar a mi madre para decirle que quiero irme a casa por un tiempo, luego pasar√© mis lecciones y continuar√©. Tambi√©n planeo tirar completamente mis dispositivos y obtener un nuevo tel√©fono y computadora. Dios, espero que no me siga …

La calle a la que me acerco me parece familiar. Quiz√°s pueda volver pronto.

4:05 a.m.

Soy tan est√ļpido. Soy tan ingenuo, tan impulsivo y tan est√ļpido.

Me llevó una eternidad, pero finalmente regresé a la civilización y a mi edificio. Le dije al tipo del frente que llamara a la policía, pero cuando me preguntó por qué, me escondí. No había nada en mi historia que pareciera creíble y, además, tenía miedo de estar relacionado con el evento de alguna manera. De todos modos, no tenía nada que darles a los policías más que algunos detalles vagos en una computadora portátil y una dirección que ya había olvidado. Así que me apresuré a mi habitación, mientras el hombre de enfrente me miraba inexpresivo. Y ahora estoy sentado en mi habitación y esta computadora portátil está justo a mi lado.

Nada parec√≠a fuera de lugar; mi puerta principal se abri√≥ por completo y todav√≠a estaba cerrada, no se hab√≠a alterado ninguna ventana o luz, y a√ļn as√≠ se coloc√≥ delicadamente sobre mis almohadas, la pantalla abierta, est√° era esa jodida computadora de mierda. No pod√≠a creerlo, maldici√≥n, no quer√≠a desesperadamente, pero todav√≠a estaba all√≠, sin lugar a dudas. Mi cuerpo fue moldeado instant√°neamente por un horror alucinante cuando la realidad se hundi√≥ y el modo de supervivencia me super√≥.

La mujer gemía sin parar ahora. Sus ojos habían sido brutalmente vaciados y había vomitado de miedo y conmoción cuando la vi en mi propia casa. No he abierto el cuadro de texto, pero estoy seguro de que había más para leer.

Escribo esto porque mis mensajes de texto no ser√°n entregados a nadie, mis llamadas ni siquiera ir√°n a la polic√≠a, y mi √ļnico tel√©fono fijo obsoleto no hace m√°s que tonos. Escribo porque estoy aterrorizado por mi vida y creo que estoy atrapado aqu√≠. No s√© lo que suceder√° despu√©s, pero s√© que no puede ser bueno. Anteriormente, escuch√© algo pesado deslizarse en mi sala de estar y ciertamente hay alguien afuera de esta puerta. Trat√© de gritar pidiendo ayuda por la ventana, pero soy muy alto y ninguno de mis vecinos hizo nada si no pod√≠an o√≠rme.

Me odio a mí mismo. Odio lo compulsivo y curioso que soy. Odio tener que ser tan malo en la universidad y tan desafortunado que me encontré en todo este lío en primer lugar. Odio la forma en que estoy jodido.

Lo √ļltimo que me dijo la mujer antes de romper la bater√≠a del port√°til fue una advertencia estrangulada, algo que me asust√≥. "Les gusta jugar", solloz√≥, antes de que el gran hombre volviera repentinamente y comenzara a trabajar la boca con unas tijeras. La computadora no ha hecho nada desde entonces. Estaba seguro de romper la pantalla con la parte inferior de mi l√°mpara.

Alguien est√° girando la manija de la puerta de mi habitaci√≥n ahora. La peque√Īa cerradura no ser√° suficiente y si me quieren tanto, el tocador que est√° delante tampoco har√° mucho.

Creo que mi vida podría estar en peligro.

CR√ČDITO: Austin Weynand

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